Domingo Acevedo y los buenos tiempos

Domingo Acevedo Villafuerte nació un domingo del año en que arrastraron a Eloy Alfaro: el pasado cuatro de agosto cumplió 98 años. A pesar de los muchos recuerdos que tantos años han borrado de su memoria, todavía persisten en ella los goles que marcó con la camiseta del ‘Panamá de Quito’, un equipo del fútbol amateur del cual fue fundador, técnico y jugador –equipo que no necesitó llegar al ámbito profesional para tener la gloria de ser la imagen más querida en su baúl de recuerdos-.

Impresiona la forma serena y fluida con que contagia su buen humor. En su rostro cansado y marcado por casi un siglo de existencia, sus ojos adquieren un brillo casi infantil cuando hace bromas, se burla de quienes están sentados en la mesa -que él preside- y se ríe con la alegría siempre renovada de quien vive inmerso en un presente que no reconoce tiempos idos o por venir.

Como el hierro que sus manos aprendieron a forjar, se adivina tras su mirada un espíritu fuerte que no se ha dejado amedrentar por el inclemente paso del tiempo: Domingo Acevedo camina lentamente por la casa y por los últimos años de su vida, volviendo a ser el niño que un día fue. …Y con la misma firmeza con que no admite que ya no existe el sucre, no deja que nada lo retrase cuando sabe que una taza de café caliente lo espera en la mesa.

¿Por qué café? El café es bueno, es alimento.

¿Cómo le gusta? Calientito para que caliente el cuerpo.

¿De chuspa o instantáneo? ¡Ya carajo! Si quieres no me des nada pero deja de joder.

A los 96 años

A los 93 años

A los 67 años

PD:Domingo Acevedo, nuestro abuelito, nos dejó en la madrugada del martes 10 de agosto. Se fue con sus recuerdos, 98 años y la sonrisa con la cual siempre lo recordaremos…

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Las que le dan vueltas…

Lucho y Anita

Lucho y Anita

Y de pronto un buen día el Lucho se fue. Cuando hablaba de irse a estudiar en el extranjero la cosa siempre parecía lejana.

Y pasaron en realidad algunos años,  pero un día él pana con quien nos tomábamos un par de tragos hasta emborracharnos ya no estuvo.

Por suerte no se fue solo y allá, en alguna parte de los Estados Unidos, está con su  Anita.

Antes de partir, algunos meses atrás, estuvo con algunos de sus panas y entre los sentimientos encontrados de dejar a los amigos, la familia,  la música y la expectativa de aventurarse a los estudios de una maestría en un país lejano, aseguró que quisiera  volver y traer  algo mejor para el país.

Vuelves?
Espero regresar en unos dos años y si me va bien en tres. Pero el futuro es incierto y es una aventura. Es un misterio pero sé que voy a descubrir algo nuevo.

Y ese whisky en la mano?
No me gusta mucho el whisky pero es bueno para chumarte,  porque chumarte implica tener cosas en la cabeza que te den vueltas.

Y qué te da vueltas por la cabeza antes de partir?
Sentimientos encontrados. Alegría porque voy a conocer algo nuevo y tristeza porque dejo  los amigos, la familia y la música

La música?
Es algo que me apasiona. Mi grupo, Dezquizofrenia (Desquicio y Esquizofrenia), se queda bien, solo faltará un integrante.

Con nuestra música proponemos  el estado en el que te sales de la realidad, un momento en el cual estar fuera de sí, que implica estar, quizás, en la propia  manera de ser.

Y la bebida preferida?
La cerveza me encanta porque te refresca en esos momentos que tienes calor, en esos momentos que tienes ganas de que tu cuerpo reciba una sensación de frescura.

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Raúl Pérez Torres aún gusta del fútbol

Raúl Pérez Torres

Raúl Pérez Torres, uno de los escritores más reconocidos del país, es también un aficionado al fútbol. Seguidor ‘de toda la vida’ de la Liga Deportiva Universitaria de Quito, desde su narrativa ha plasmado lo que también es este juego que en la actualidad, para muchas personas, es sólo marketing, negocio y espectáculo.

Pero en la cancha me olvidaba de todo y le daba a la pelota más que ninguno, tal vez solo por eso gozaba de un pequeñísimo respeto como ahora en que el flaco me decía: “Chino, haz vos el partido” y yo meditaba, me daba aires, miraba a todos uno por uno y decía serio: “vos Chivolo acá, vos Patitas allá”. *

¿Por qué el tema del fútbol en su narrativa?
A mí me parece que en el fútbol se dramatizan todos los aspectos humanos como el dolor, la miseria, la alegría, la felicidad y las otras cosas, el odio, la corrupción, el marketing.
Entonces, de todas maneras, el fútbol es un universo y los escritores trabajamos con universos. Tanto en un universo limitado como es el cuento, como en un universo grande como es la novela. O la búsqueda de universo perfecto como es la poesía. Entonces creo que hay una gran metáfora entre el fútbol y la literatura porque encontramos la dramatización de una sociedad.

¿Algún equipo en especial?
Desde luego. Yo jugué en Liga en los años 60’ y toda la vida he sido de Liga Deportiva Universitaria. Ahora estamos nosotros premiados por esa garra, por esa contundencia, por esa disciplina y sencillez que tiene el equipo de Liga y ojalá que todos los ecuatorianos estemos por este triunfo en la Copa.

¿Cómo mira este fenómeno que se ha convertido Liga en los últimos años?
Yo siempre defiendo lo que se trata con ejemplo. Me parece que es ejemplar la directiva de Liga Deportiva Universitaria. Yo lo conozco a Rodrigo Paz durante mucho tiempo. Ahora tenemos dos, su padre y su hijo. Su padre que es ahora la serenidad, la ecuanimidad, la inteligencia. Su hijo (Esteban Paz) que es la pasión, la fuerza, la orientación.

Creo que están haciendo un gran equipo junto con un entrenador (Edgardo Bauza) que nunca dio su brazo a torcer alrededor de la orientación que quería darle al equipo y se ha visto resultados importantes.

Ahora, cuando hay buenos jugadores, a esos jugadores les siguen los jóvenes jugadores. Por eso digo que el ejemplo es lo más importante en un equipo. Cuando ven que son serios, disciplinados, que llevan su trabajo y su profesión con alegría, con honestidad. Bueno, los muchachos los siguen.

¿Y si Liga no gana la Copa?
Yo ya me siento muy bien con el equipo porque ha demostrado todo lo que puede ser. Le he visto jugar en varias partes. Ha dejado atrás a muchos grandes equipos, en México y Argentina, que han tenido un gran nombre y Liga ya empieza a ser una camiseta respetable en todo el mundo.
Entonces, no me pasaría nada. Quizá, la tristeza de la pérdida. Pero sabemos que contamos con un equipo que en América Latina está dando mucho que decir.

¿Cuál es para usted el partido en Quito con más notoriedad, el clásico si se quiere?
A mí me parece que es Liga Deportiva Universitaria y el Deportivo Quito. Yo creo que esa es la controversia más grande. Los del Quito sueñan en ganar a Liga y me parece que Liga también, de la misma manera.
Fíjese lo que dice una nieta mía que le llevo siempre al fútbol. Cuando yo estaba preocupado del partido con San Lorenzo me dijo: ‘no te preocupes abuelito porque estos tienen la misma camiseta del Quito y es más fácil ganarles.

¿Su bebida preferida?
Para mí el vino es la mejor bebida. Es una bebida milagrosa de alguna manera. Siempre me gusta tomar un vino porque me gusta departir, me gusta conversar y lo mejor que te abre a una conversación, a una pequeña alegría, es el vino. El vino tinto es el que yo tomo siempre.

¿En qué momentos?
Muchas veces en el almuerzo, con las comidas. Pero también muchas veces con amigos, con amigas, en discusiones, en conversaciones que casi siempre son de literatura porque estoy dentro de la Universidad, de grupos intelectuales. Entonces, el vino es quizás, la mejor bebida.

* Cuento completo

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Vuelve el boxeo con Jaime Quiñones

Jaime Quiñonez

Mi nombre es Jaime Orlando Quiñones Rodríguez, nacido en el cantón Quinindé, provincia de Esmeraldas, un 22 de enero del 74. Tengo 33 años cumplidos. He sido campeón nacional 12 veces en amateur, representando a mi provincia. Campeón sudamericano, campeón interamericano profesionalmente. Retorno al cuadrilátero a finales de julio en el Hotel Casino Plaza enfrentando a Leonardo Da Silva de Brasil.

Que tal campeón le dije cuando pasó por mi lado en la esquina de la Colón y Amazonas. Que tal ‘champion’ me contestó y siguió su camino hasta sentarse en una de esas cómodas sillas de los lustrabotas, en pleno medio día de mayo y con sol. Como le vi cara de buena gente –en el ring no creo que la tenga- me acerqué al corpulento púgil de metro 81 de estatura, 86 centímetros de alcance y 107 kilos de peso.

Mientras le dejaban como nuevos sus zapatos de cuero color conchevino me contó que estuvo fuera del cuadrilátero alrededor de tres años.

¿Por qué paró tres años?
Por la falta de empresarios cumplidos. Sinceramente no cumplían con el deportista y también por la falta de apoyo. Es muy difícil aquí estar peleando sin el apoyo necesario. Ahora tengo la suerte de haber formado una empresa de la cual soy propietario. Se llama JQ Producciones para promocionar el boxeo y también el medio artístico y lo que el país necesita. Esperemos que nos vaya bien y tener la misma oportunidad y opción que tuvimos tres años atrás.

¿Cómo se ha preparado para la pelea de finales de julio?
Yo siempre he estado en el gimnasio, continuamente, todos los días. Ahora, a 40 días de la pelea estamos exclusivamente dedicados al entrenamiento, pero siempre estamos en el gimnasio todos los días porque somos profesionales.

¿Cuéntenos Jaime alguno de sus recuerdos más gratos sobre el cuadrilátero?
Bueno, la primera vez que fui campeón nacional representando a mi provincia. Me acuerdo que fue en Cotopaxi. Yo fui campeón nacional juvenil y ahí fue mi inicio y dije bueno, en esto yo puedo dar mucho más y empecé a trabajar fuertemente. He tenido logros importantes y ahora esperemos que Dios nos ayude y podamos hacer algo mejor.

¿Qué le ha faltado a Jaime ‘La Bestia’ Quiñónez para llegar a planos aún más estelares?
No…, estamos a tiempo. Usted sabe que en el boxeo profesional la madurez en el peso pesado es de 30 años en adelante. Usted ha visto que los grandes campeones del mundo, a excepción unos pocos, han sido campeones muy maduros. Evander fue campeón mundial a los 38 años, se mantuvo hasta los 44 boxeando. Y así muchos boxeadores en el mundo. El peso pesado tiene esa madurez.

¿Cuántos años más en el boxeo?
Cinco años más, no espero más y ahí si colgaría los guantes. Este fue sólo un receso esperando nuevas oportunidades.

¿Dejemos el boxeo un rato Jaime y cuéntenos cuál es la bebida que a usted más le gusta, no sé, el agua, el café?
(Ríe) No, yo soy muy sincero. El café a mí no me gusta. A mí me gusta el güisqui en las rocas. Por el deporte no lo hago frecuente, pero cuando hay la oportunidad y la posibilidad, como cualquier ser humano, me pego unos güisquicitos.

¿En esta época de entrenamiento?
No, inaudito. Pero cuando estoy libre sí, que sé yo, salgo a algún bar en Quito y me pego un güisqui.

¿Alguna marca en especial?
El Chivas o el Johnny Negro. El Johnny Azul no porque es muy costoso hermano (risas).

¿Alguna otra bebida… no alcohólica?
El jugo de naranja… y borojó también.

¿Y en una pelea, qué toma?
Agüita de panela con limón, sin azúcar. Eso siempre pido a la esquina que me tenga listo.

Jaime ‘La Bestia’ Quiñones peleará en el Hotel Casino Plaza de Quito a finales de julio. “Será una pelea tipo las Vegas, realizada en Quito” dice este corpulento deportista con cara de buena gente.

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Las mejores y las peores páginas del mundo

Jorge Velasco M. en Diario Hoy

Jorge Velasco Mackenzie (Guayaquil, 1949), es uno de los escritores más prolíficos del Ecuador. “En mi oficio como escritor yo no tengo tiempo libre. Leo, escribo en mis tiempos libres. Leo, escribo en mis tiempos ocupados”.

¿Cómo hace para escribir?
Yo me programo, primero con mis actividades, porque yo soy profesor universitario, en la Universidad Técnica de Babahoyo, y tengo que viajar. Entonces, un poco me desarrollé una nemotécnica: escribo un poco de memoria y tomo notitas, aunque ya lo he perdido, ya no lo hago. Antes lo hacía, en unas libretitas chiquitas tomaba notas y apenas llegaba transcribía lo que había escrito mentalmente. Y un poco así, robándole tiempo al tiempo del pan.
Y luego ya cuando me metí más de frente con la literatura, aunque siempre he estado de frente, comencé a organizarme.

Comencé a acostarme muy temprano, que sé yo, ocho de la noche, y eso para un costeño es mucho, y poder levantarme a escribir de madrugada, cuatro, cinco de la mañana hasta las ocho. Hasta ahora lo hago, eso sí, con un buen tarro de café.
Y cuando no estoy escribiendo creación, me levanto a leer porque me quedó el ritmo de hacerlo a esa hora. Esas son las estrategias, sino no podría.

¿Qué bebida prefiere?
La bebida que yo prefiero beber y la he bebido durante toda mi vida es la cerveza. Si usted me pone un vaso del mejor güisqui y me pone al lado un vaso de cerveza, yo prefiero la cerveza.

¿Fría?
Muy helada. No se olvide usted que yo soy un hombre de la costa, y toda mi obra está bañada en cerveza.

Sí…, en todo lo que yo he escrito usted encuentra grandes bebedores de cerveza. No sé si alcohólicos, no sé si borrachos, pero grandes bebedores de cerveza.

¿Le prohibieron la cerveza?
Cuando me prohibieron beber, porque yo tuve un problema de aneuritis alcohólica, yo me sentí muy triste. Me sacaron mucho, porque la cerveza formaba parte de mi vida.

¿Qué sentía al tomar cerveza?
Me sentía bien, me sentía capaz de poder escribir las mejores o las peores páginas del mundo. Algún rato sí escribí bebiendo, pero no borracho.

Sabe qué hacía mejor tomando cerveza, corregía los textos. Yo no sé. Como que desarrollaba cierto nivel de sensibilidad, mi fraseo mejoraba. Yo siempre he tenido como escritor problemas con la puntuación porque tengo un pésimo oído. Me servía mucho para corregir, no para crear, esos mundos son aparte. Muchos de los personajes son grandes consumidores de cerveza.

¿Dejó la cerveza?
Me prohibieron hace unos cinco años. De hecho, no es que he dejado, de plano. Ya no me embriago, eso sí. Ni busco. Antes buscaba. Ahora es mucho menos, para lo que consumía, nada.

Es más, creo que la nuestra es una gran cerveza.

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Abdón Ubidia y el placer de los sabores

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Hace varios meses, el día que terminé de leer Sueño de Lobos, me puse en contacto con Abdón Ubidia (Quito, 1944),  un escritor “absolutamente disperso” que trabaja en varios libros a la vez, “un poquito el uno, un poquito el otro”.

Ubidia, uno de los grandes referentes de la literatura ecuatoriana, desde el primer momento se mostró dispuesto para conversar sobre su quehacer literario y sus bebidas preferidas para este blog que cada vez se actualiza con mayor dificultad.

¿Publicar es el momento más grato de un escritor?
Cuando se experimenta el mayor placer, al menos me pasa a mí porque en cada escritor las reacciones son distintas, es en el instante que se me ocurre un tema.

Es un instante mágico que puede sobrevenir en cualquier momento porque la estructura de la creación literaria no creo que difiera mucho del nacimiento de un sueño o de un ensueño. De pronto debe haber alguna motivación venida del instante real que estamos viviendo, pero en ese momento asoma simplemente como un relumbrón, como un deslumbramiento, como la idea de que a nadie se le ha ocurrido aquello. Después uno comprueba que no es así. Y ese es un momento de una felicidad, de una dicha tan grande que es incomparable, incluso, con el mismo quehacer del libro que lo escribiremos, porque después del trabajo de tratar de dar forma a esa emoción, llega a ser hasta fatigante y tedioso. Eso ya es un trabajo, casi de oficina.

Es poner en práctica el oficio y tratar de que aquello que nos deslumbró con tanta fuerza pueda ser transmitido a otra persona gracias a la lectura de un texto que tiene que ser trabajado como hace el escultor. Un gran escultor sólo tiene en sus manos un bloque de granito o de mármol y tendrá que ir adaptando ese bloque a la forma que él soñó. El contenido dado ya con esa emoción, tiene luego que transformarse en un trabajo formal. El trabajo de la forma tiene que ser el adecuado para que ese contenido no se pierda y logre conmover el corazón de otra persona.

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¿Hablemos de sus bebidas preferidas?
Bueno. La bebida suave que prefiero es, indudablemente, el vino. Me gusta departir y compartir al calor de una copa y a veces de una botella de vino con mis amigos. Al principio me gustaba muchísimo el Cabernet Sauvignon, pero ahora han venido tantas nuevas cepas que también me gustan mucho.

De los vinos normales, así de uso más o menos corriente me gusta mucho el Marqués de Cáceres, uno de los Cousiño Macul que es de la antigua reserva. Me gustan los vinos franceses y los españoles.

¿Otras bebidas?
En cuanto a los licores el que más me gusta es el coñac. No me agrada la cerveza. No me agrada mucho el güisqui. Me gusta el brandy y los tragos un poco raros, que sé yo, por decirle un Singani, que es una especie de pisco boliviano. Me gusta también el Pisco Mistral de Chile, el kirsch, una especie de brandy alemán.

En fin, yo nunca sería alcohólico porque me gusta el sabor de los licores. Con una o dos copas es suficiente porque me demoro en saborearles.

¿Siempre fue así?
Bueno, ha cambiado. Digamos que cuando uno es estudiante bebe cualquier cosa, como pasa con los amores. Con las mujeres pasa lo mismo que con el alcohol, es decir, poco a poco la edad nos va volviendo selectivos y vamos descubriendo que es mejor emplearnos en lo que satisface de verdad nuestros gustos. Y además que el gusto es algo que se va educando con el tiempo. Medio en broma, medio en serio le decía que soy partidario de un socialismo sibarítico también en la medida en que la gente común y corriente debería poder disfrutar del aroma de un buen coñac, sin distingo de clases sociales ni de recursos económicos.

Los sabores de los licores captan el espíritu de las sustancias madres, en este caso de las frutas que le dan la posibilidad de ser y de existir. Entonces, ese espíritu no lo ha hecho nadie sino la humanidad a lo largo de los siglos y de los milenios como en el caso del vino. Y es lógico que la humanidad entera tenga derecho a disfrutar, a hacer su gusto, a decantarlo y aprovechar esos aromas, esos sabores y esos beneficios que durante tantos siglos y milenios han existido.

¿Una mala experiencia?
Cuando los tragos eran infames, tengo una mala experiencia. En los años 60 había un brebaje que se llamaba ‘Paico, Rey de Copas’. Fue una especie de plagio mal hecho de un licor antiguo que existía en Quito que era el ‘Mallorca Flores de Barril’, que le decían del guagua montado por la etiqueta que tenía y que le pusieron como apodo Paico. Le quitaron el anís y le pusieron anetol y en vez de azúcar le pusieron sacarina. Creo que fue uno de los chuchaquis más espectaculares de mi vida y por eso le tengo un gran rencor a ese licor, porque me hizo, durante 30 años, odiar el anisado, lo cual no es justo. Ahora me encanta. Por ejemplo me gusta mucho el Anís del Mono y me gusta mucho el Chinchón Dulce y un licor parecido que es la Asturiana.

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Favio y la cervecita helada

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Favio Revelo es uno de esos amigos con los que uno siempre se encuentra por la calle y con los que hay siempre un trago pendiente que nunca termina de llegar.

 Así que esta vez que lo encontré por el estadio Olímpico Atahualpa, en una de estas mañanas frías y lluviosas que desde hace semanas hay en Quito, aprovechamos para tomarnos un primer sorbo con la promesa de continuarlo para charlar, como viejos amigos, de los sueños y esperanzas que aún tenemos.

¿Tu bebida preferida?

La bebida alcohólica que más me gusta es la Pílsener y la no alcohólica la Coca Cola.

¿Qué sientes con una cerveza fría?

No sé, de pronto un poco de calma, frescura, quietud. Cuando estoy cansado una cervecita helada como que te acomoda y mejora el ambiente.

¿Con quién prefieres tomar esa cervecita?

Con mis amigos porque se puede conversar de cosas que a lo mejor no hemos conversado en el tiempo en el que no nos hemos visto.

¿Y en dónde están los amigos?

Bueno, en todo lado porque por mi trabajo conozco muchos lugares y ciudades del país y tengo amigos en Manta, Guayaquil, en el Oriente, en el Carchi, en fin, en Quito.

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