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De actuaciones y vivencias

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Gonzalo Samper llegó al Ecuador a los 10 años de edad. Cuenta que a los cuatro años le tocó bailar en una obra de la escuela en la que se fue la luz sobre el escenario cuando él bailaba. Con la niña que le tocó de pareja se quedaron quietos, casi paralizados. Pasaron quizás tres, diez minutos y cuando la luz volvió y sonó otra vez la canción continuaron con el mismo paso en que se habían quedado y entonces el aplauso fue grande y supo que quería ser actor.

Ahora, a los 48 años de edad recuerda todas sus actuaciones en el teatro, el cine o la televisión. Pero persiste en su memoria ese aplauso de aquel escenario en un pequeño pueblo chileno de cuando tenía cuatro años. “Fue como un descubrir que era esto en realidad lo que quería hacer”.

Afirma que se debe creer en los sueños y trata de vivir cada día como una oportunidad y dice que se debe tener cuidado con lo que se piensa porque se puede convertir en realidad.

Cuando no está actuando, ‘anda dibujando por el Ecuador’. “Tengo un carrito que es una Westfalia que es mi caracol, digamos, y me voy por ahí a dibujar y escribo un poquito sobre cosas que veo por ahí, por los caminos, por los pueblos del Ecuador”.

Le agrada integrarse con las personas de los sitios que visita y siente que a veces se va quedando en cada “rinconcito”. Se regocija con la gente que considera “generosa y verdadera” de esos pueblos que asegura tienen su propio lenguaje, con sus palabreos y sus categorías sociales. “Los distintos individuos le dan toda una magia, todo un ritmo a cada pueblo: cómo se saludan, cómo se contactan entre ellos”.

Le gusta conocer el país en el que vive a través de la comida, las historias, las leyendas, las tradiciones y sobre todo, a través de las personas. Cuenta que miles de cosas pasan en nuestros pueblos y que no se siente extranjero por lo que le gusta impregnarse de este suelo que le “adoptó”.

¿Cuando no actúa o viaja a qué se dedica?
Bueno, yo soy un solitario básicamente. Claro que de vez en cuando hay que hacerle ejercicio a la parte sexual y a la parte compañía. Entonces tengo amigovias por ahí que a uno le hacen un mimo porque siempre necesitamos un poco de afecto.

Compartir con amigos también es muy grato y escribir también me gusta porque es relatar lo que voy viviendo. No tengo pretensiones con el escribir. Es simplemente contar las cosas que a uno le pasan todos los días. Cosas un poco fuera de lo común. Claro que si uno asume la vida, cada día siempre es fuera de lo común.

¿Cómo es esto?
Cada día tiene su magia, su diferencia. Algo diferente pasa, algo entretenido pasa o algo trágico también puede pasar; pero, a veces los seres humanos vemos los días como muy cotidianos, como uno detrás de otro y si uno los toma en serio, cada día trae su propia realidad. Quizás eso lo aprendí viviendo junto a un río en Mindo.

¿En Mindo?
A veces me quedo viviendo en zonas. Estuve viviendo un año en Mindo junto al río. Y el río enseña ese movimiento constante. Parece que no cambia pero está cambiando siempre. Ese ir y venir inalcanzable. Ese nacer en un punto y morir en otro que es desconocido. Y a veces el río le trae a uno cosas, objetos, frutas. Es divertido. Es como el mar también. A veces voy por la playa y te encuentras una naranja, por ejemplo, o una cebolla, no sé, cualquier cosa en la playa que es como un regalo si lo tomas como tal. Cuando estás pendiente de lo que pasa a tu alrededor, sí tomas muy en cuenta esos detalles, esos pequeños regalos de Dios que son muy simples.

¿La Vida?
Con la vida lo más simple posible porque la vida en sí es muy simple. Cuando uno ya le empieza a buscar las cinco patas al gato ya todo se complica. Por eso nuestro planeta anda un poco enfermo y complicado porque la gente se ha complicado también.

La gente se ha llenado de ambición y quiere tener cada día el último auto y la última cosa del año y si no lo tiene entonces le da envidia que el de al lado lo tenga. Entonces estamos enalteciendo las pasiones más bajas del ser humano. Es como una carrera de locos porque nunca puedes parar de tener cosas. Y cada cosa que tú tienes significa que el planeta tiene que sacarlo de algún lado.

Mientras más simple lo hagas, mientras más armónico estés con el entorno, menos lo lastimas también al planeta. Es como aportarle a este nuevo movimiento ecológico. Yo reciclo todo lo que puedo. Al final te vas a morir y no te llevas nada.

¿Y cómo es esto?
En este caminar por ahí me he dado cuenta que la gente pobre vive tan alegre y feliz como la gente rica. Llega un tipo y se come un pollo asado con sus hijos y es tan feliz como el tipo que se va a comer en el súper restauran.

Y lo he visto. En una navidad estuve en la casa de una gente pobre y uno de los niños estaba enormemente feliz porque ese día podía tomarse las coca colas que él quisiera porque la mamá era dueña de una tienda. Y la alegría de ese niño es incomparable.

Y he estado en casas de ricos porque he hecho de papá Noel en las épocas navideñas y me ha tocado dar unos regalos de esos impresionantes y son niños que ¡oh!, al principio, pero después en un mes ya se olvidaron del juguete y ahí quedó botado.

La alegría existe en todas partes. No por ser más rico a más pobre dejas de ser alegre. Eso ya viene de adentro y está en la capacidad de uno de ser alegre. Yo no ando buscando la felicidad. A mí me basta y me sobra con la alegría.

¿Su bebida favorita?
Realmente la bebida que más me gusta es el agua; pero, ya hablando de las otras bebidas, de las espirituosas, pues cualquiera en realidad que a uno lo haga trascender.

El vino quizás sea mi favorita pero me hace un poquito mal.

¿Vino tinto?
Vino tinto sí. Lo otro no es vino. Eso es agüita no más; agüita de colores.

Lo que pasa también es que fui medio amamantado con vinos porque nací en Chile y cuando era niño me daban vino con agua y azúcar como bebida normal.

¿En qué momentos lo prefiere tomar?
El vino es agradable para comer y el vino es agradable para conversar. Momentos gratos tengo de vino, digamos, con conversaciones gratas que se han hecho con amigos, con amigas.

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